Prostituida por mi ama

jueves, abril 13, 2017
“Me gustaría que te comieses un buen rabo. Uno de verdad”. Este puñado de palabras de mi ama sonaron como una fantasía lejana, imposible; sin embargo, su propuesta resonaban en mi cabeza día y noche. Imaginaba. Ardía. Tocaba. Imaginaba. Ardía. Tocaba… el deseo, imparable, creció en las entrañas de mi sumisión.

“Tengo miedo…. Pero me encantaría hacerlo Diosa”. Mi ama ni me preguntó, ya sabía de qué hablaba y publicó un anuncio en Twitter para buscarme un buen rabo. Los acontecimientos sucedieron más rápido de lo esperado y, de pronto, ya tenía concertada una cita en un hotel con un macho alfa.

Allí estaba, en la penumbra de una habitación de hotel que me hacía sentir una fulana barata. Vestía como me había ordenado mi ama: sujetador, tanga y medias de cuero negro y unos zapatos de tacón rojo puta. Mi corazón bombeaba a toda velocidad. Miedo. Excitación.


Un golpe seco en la puerta. Ahí estaba. Ya no había vuelta atrás. Era corpulento y enseguida aspiré su perfume varonil. Al verme noté un rictus de asco, pero pronto mostró una sonrisa prepotente. “De rodillas puta”. Obedecí al instante. Entonces se bajó los pantalones y mostró un gran rabo. Me agarró de la cabeza y me metió toda la polla hasta la garganta. En ese momento, vi la imagen de mi Diosa y escuché su divertida carcajada en mi cabeza.

Notaba cómo su rabo crecía y crecía en mi boca hasta que ya no me entraba. Tras cada segundo me sentía más inspirada y guarra. Estaba disfrutando chupándosela. Lametones, besos, tragármela entera… “Joder, la chupas como una puta guarra”. “Gracias”, dije a duras penas con la polla dentro de la boca.

Tras comérsela un buen rato, me ordenó ponerle un condón con la boca. Me colocó a cuatro patas, me untó vaselina y me la clavó lentamente. Cuando ya estaba dilatada, empezó a follarme duro. Mientras me embestía sin piedad, me daba azotes en el culo y me llamaba puta. Me sentía tan zorra que incluso le suplicaba que me diese más, que me humillase más.

De pronto, paró de follarme, me giró, me puso de rodillas y se quitó el condón. “Has sido una buena putita. Te has ganado esto”. El macho alfa me volvió a meter la polla hasta dentro, ahora estaba todavía más dura y grande. En pocos segundos comenzó a correrse dentro de mi boca. Noté el semen caliente y sabroso de un macho alfa inundando mi boca y descendiendo por mi garganta. “Límpiamela con cuidado y trágatelo todo”. Se la chupé lentamente otro rato mientras me relamía con cada gota de lefa.

Ya, en la soledad de la habitación, sintiéndome como una puta barata y notando el sabor de la lefa en mi boca, escribí a mi ama para agradecerle una de las mejores experiencias de mi vida.

Por favor, no tengáis miedo a someteros a los caprichos y deseos de mi Diosa… tras ellos hallaréis el placer absoluto y la felicidad.

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